¿Pegamos a nuestros hijos?

Esta semana he leído un par de artículos sobre las repercusiones que puede tener  el típico "cachete o azote puntual" sobre nuestros hijos. He considerado un tema interesante a tratar así que, como siempre hago en este blog, intentaré dar mi opinión más sincera, sin filtros, sobre este tema. 

Cuando abordamos el impacto que puede tener en los niños dar un azote para corregir ciertas conductas, cabe decir que no hablamos de maltrato infantil, ni castigo físico de modo reiterativo, sino de lo que ya he mencionado, el típico "cachete puntual". Puntualizo este concepto para los lectores más críticos, que sé que surgirán.

He nacido en la generación de los 80. La generación de los 80 era aquella en la que no se le podía faltar al respeto al profesor, ni mucho menos levantarles la mano. La generación de los 80 era aquella donde no existían unidades de adicción al móvil, los niños/as simplemente jugábamos en la calle. La generación de los 80 no emitía programas como "Hermano mayor", era impensable que un hijo gritase o  levantase la mano a sus padres. Podría citar cientos de diferencias entre los niños y adolescentes de los de antes y de los de ahora, creo que no hacen falta mencionarlas todas. Sí, en mi generación, todos o casi todos nos hemos llevado un cachete o un azote puntual. ¿De verdad nuestra generación ha acusado esa conducta?


En esta última década, el movimiento de "no pegar a los peques" se ha adherido a la forma de educar de los nuevos padres. Cada niño es un mundo. Todos sabemos que hay niños más tranquilos y llevables, y otros son más trastos, más traviesos, depende de la naturaleza del niño. No son tan minoritarios los casos en los que ciertos niños o adolescentes tienen sometidos a sus padres en casa, adoptando una situación de poder en la que, en ningún concepto, debería adoptar un hijo. ¿Se puede afirmar que estas situaciones se han creado por una falta de autoridad de los padres? Evidentemente no se puede afirmar. Lo que sí es evidente es que en nuestra etapa de niños o adolescentes, era impensable.

Con este post, no quiero hacer apología a la violencia contra los niños, por supuesto. Resulta evidente que tenemos que hacer uso de todas las herramientas de las que dispongamos, pero si en una determinada situación, nuestro hijo no atiende a determinadas órdenes o pautas verbales concretas, no seremos peores padres, ni maltratadores, por dar un azote en el culo o una colleja para recuperar la situación. No vamos a crear un trauma por ello. Nuestros hijos a veces son expertos en sacarnos de quicio y no siempre atienden a la palabra. Nosotros hemos sido niños también.

Imagino que habrá muchos detractores con este tema, así que estaré encantado de contestaros si dejáis vuestra opinión aquí abajo,en la sección de comentarios.

Un saludo.








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